Diaz de Miranda

Primer Maestro de Silos, relieve de piedra tallada en la pilastra del ángulo NE del claustro, segunda mitad del s. XI.
Este relieve es de un conjunto de ocho, en las cuatro esquinas del claustro, de asunto mayoritariamente pascual; se ofrecen a la contemplación de los monjes al pasar por el claustro.

La imagen tiene tres partes, claramente definidas, en un marco vertical rectangular, acabado con un arco de medio punto. Primeramente, en el centro de la imagen está la sepultura: dos hombres agachados, José de Arimatea y Nicodemo (Jn. 19, 38-41) junto a pies y cabeza, están poniendo el cuerpo del Señor en el sepulcro rectangular; el lado de la tumba hace un rectángulo muy evidente; el que sujeta la pierna derecha lleva una capa al vuelo; el otro le baja la cabeza y el brazo derecho, con la mano agujereada, haciendo una fuerte diagonal; Cristo está desnudo, con un paño en la cintura, aún no ha recibido el sudario y su muerte es evidente.

En segundo lugar, en la parte más baja, están los soldados que guardan el sepulcro, con armas y escudos, al fondo (Mt. 27,62-66): conmocionados, no pueden estar de pie; son un conjunto bastante simétrico pero inestable, tomando posiciones contrapuestas.

Para acabar, hay una tercera escena arriba: a la izquierda, el ángel se ha sentado sobre la losa que cubría la tumba, levantada de su lugar, formando una destacada diagonal, alineada con el brazo de Cristo. Aquella diagonal del brazo, que bajaba a la horizontal (línea del reposo, fin y muerte), se invierte, levantándose ahora, por el movimiento de la piedra, llegando precisamente a la altura del brazo muerto, y manifiesta la irrupción de la vida nueva del Resucitado. El ángel dice: Ha resucitado de entre los muertos (Lc. 28,6), y muestra la tumba ahora vacía a tres mujeres de actitud igual (vertical, atenta, similar y rítmica, haciendo figura de la Iglesia, contrapuesta a la confusa de los soldados, al servicio del Mundo); ellas se acercan desde el fondo por la derecha, llevando jarras con perfume para ungir el cuerpo, que creen muerto, de Cristo (Mc. 16,5).

Hay una contraposición entre la muerte y la humillación de la sepultura (Se humilló y se hizo obediente hasta aceptar la muerte, y una muerte en la cruz, Fl. 2,8), y la Resurrección, manifiesta en el movimiento de levantamiento de la piedra (Dios lo ha exaltado, Fl. 2,9), y en la figura del ángel, dejando atrás el despojo de la tumba.

Mujeres y ángel tienen aureolas en la cabeza, en un efecto visual parecido, y contrapuesto, a los escudos de los soldados. El sepulcro es una caja larga, muy diferente del tallado en la roca citado en los evangelios (por ejemplo, Mt. 27,60).

Este relieve, sintéticamente, muestra la muerte del Señor, y el aparente fracaso de su vida; pero el sobresalto de los soldados por la acción del ángel (Mt. 28,4), muestra la anulación de los poderes humanos; y el anuncio a las mujeres cambia el sentido de esta historia, que acaba con la Resurrección de Cristo.

Así, la horizontal que tan claramente manifiesta el sepulcro, es el elemento compositivo que sirve para expresar el inicio de la narración (muerte y fracaso); por otra parte la diagonal de la losa, retomando la del brazo, movida de su sitio por el ángel, que a la vez (en un efecto visual sorprendente) se sienta encima, proclama el triunfo de la Resurrección; ángel y mujeres, verticales, pertenecen al final de la historia y, en su posición activa y proyectiva, reflejan la vida nueva.

No abandonarás mi vida entre los muertos, ni dejarás caer en la fosa al que te quiere ( Hch. 2,27, Sl.  16, 10). michael kors tasche jet set